(Esta entrada la escribí hace ocho años. Para ser honesta no recuerdo a quién se la dediqué, pero ahora que estoy pasando algo similar, he decidido publicarla finalmente. No cambié ni un punto en este escrito, decidí dejarlo exactamente como lo escribí, para que no perdiera la esencia original.)
Ni el tiempo ni la distancia podrán hacer que te olvide...
Ni el tiempo ni la distancia podrán hacer que te olvide...
mis manos necesitan tocar tu piel y mis cabellos necesitan ser acariciados por el viento que despides...
¿Cómo manejar esta situación? ¿Podré alguna vez verte de la misma manera en que antes te veía? porque ahora que no te veo y te deseo cerca, mi cabeza estalla de ansias por estar a tu lado,
por adivinar qué es lo que piensas, qué es lo que cruza por tu mente, qué es lo que te rodea...
Te quiero, ya lo había dicho antes, pero creo que la necesidad inmensa de comprenderlo y analizarlo se ha vuelto mayor con el tiempo...
Gracias... por estar aquí, por darme la oportunidad de mostrarme a ti como soy, por ser la que no he sido durante miles de años atrás, por no tener miedo de mí y, finalmente en mi lista actual, por estar a mi lado sin estar.
Nunca podré decirte exactamente lo que siento, porque es algo más abstracto que claro, más complicado que sencillo, más confuso que establecido...
Y, en este momento, dejada llevar por el contorno de mis pensamientos y la rapidez de mis dedos, en otro lugar, lejos de ti, siendo castigada por la noche que me abraza y la lluvia incesante que cae, me voy, de la misma manera, como el viento, elevándome en mis mismos pensamientos y en mis propias palabras.
Comentarios