"Pillow talk", de Zayn reproduciéndose en mi Playlist, mientras me acompaño de una infusión de naranja y especias. El día es frío, nublado y con bastante viento. Delicioso.
Tengo los pies helados, continúo escribiendo. Desde hace días tengo un dolor de cuello que empeora al escribir, pero sigo escribiendo.
En mi lista de reproducción aparece "Say something", de A Great Big World. Y me doy cuenta de que, como en la canción, me estoy sintiendo tan pequeña, diminuta. Con sueños grandes y estatura promedio. Me mantengo escribiendo, como si de eso dependiera mi vida, porque en parte así es... nadie ––o casi nadie–– me lee, pero sigo y sigo porque sé que esto me hace feliz, me renueva, en cierta forma también me recrea.
El calor de mi té cruzando mi garganta es el indicador de que estoy viva, que aún sigo aquí y que mi existencia, aunque por ahora pase desapercibida para muchos, significa algo. Mi vida tiene un significado, un propósito.
El reproductor trae a mis oídos "Leaving Blues", de Bombay Bicycle Club. El sonido de la guitarra me relaja, quiero más... y justo cuando es así, un platillo acompaña la dulce voz masculina de la canción. Ahora estoy pensando en la música. Qué invento más maravilloso creó Dios para hacer feliz a la humanidad. Mantente cantando, Rosalina, que la vida es muy corta para pasarla en silencio.
"Three empty words", de Shawn Mendes es la canción en mis auriculares ahora. Me doy cuenta de que nunca había hecho una narración tan larga de lo que estaba sucediendo justo en el momento. Desafortunadamente pienso más rápido de lo que escribo.
Mientras corregía una palabra que había escrito mal, sigo escuchando la voz deliciosa de Shawn: "We're going through the motions...", él canta. Ahora mi pierna se mueve al ritmo de la música y, hasta este instante, había olvidado que mis pies están helados aun usando zapatos y calcetines.
Me deleito en mirar las bellas luces de colores de mi árbol navideño y mientras la canción anuncia su inminente final, advierto que esta es la mejor etapa de mi vida.
Tengo los pies helados, continúo escribiendo. Desde hace días tengo un dolor de cuello que empeora al escribir, pero sigo escribiendo.
En mi lista de reproducción aparece "Say something", de A Great Big World. Y me doy cuenta de que, como en la canción, me estoy sintiendo tan pequeña, diminuta. Con sueños grandes y estatura promedio. Me mantengo escribiendo, como si de eso dependiera mi vida, porque en parte así es... nadie ––o casi nadie–– me lee, pero sigo y sigo porque sé que esto me hace feliz, me renueva, en cierta forma también me recrea. El calor de mi té cruzando mi garganta es el indicador de que estoy viva, que aún sigo aquí y que mi existencia, aunque por ahora pase desapercibida para muchos, significa algo. Mi vida tiene un significado, un propósito.
El reproductor trae a mis oídos "Leaving Blues", de Bombay Bicycle Club. El sonido de la guitarra me relaja, quiero más... y justo cuando es así, un platillo acompaña la dulce voz masculina de la canción. Ahora estoy pensando en la música. Qué invento más maravilloso creó Dios para hacer feliz a la humanidad. Mantente cantando, Rosalina, que la vida es muy corta para pasarla en silencio.
"Three empty words", de Shawn Mendes es la canción en mis auriculares ahora. Me doy cuenta de que nunca había hecho una narración tan larga de lo que estaba sucediendo justo en el momento. Desafortunadamente pienso más rápido de lo que escribo.
Mientras corregía una palabra que había escrito mal, sigo escuchando la voz deliciosa de Shawn: "We're going through the motions...", él canta. Ahora mi pierna se mueve al ritmo de la música y, hasta este instante, había olvidado que mis pies están helados aun usando zapatos y calcetines.
Me deleito en mirar las bellas luces de colores de mi árbol navideño y mientras la canción anuncia su inminente final, advierto que esta es la mejor etapa de mi vida.
Comentarios