En ocasiones deseas tanto llegar a un sitio, que se te hace eterno el recorrido.Así me ha pasado con el capítulo #30 de mi novela. En total fueron diecisiete cuartillas, el capítulo más largo que he escrito hasta ahora, pero del que me siento más orgullosa también.
¿Les confieso algo? Estoy llegando a la conclusión de que escribir un libro es igual que vivir. Hay capítulos en los que estoy demasiado intencionada en concluirlos, tengo la idea, tengo la inspiración y los ánimos para escribir, y simplemente me dejo llevar. A veces concluyo pronto, en otras ocasiones necesito más tiempo para darle forma, pero la inspiración continúa y me lleva de la mano hasta el final. En la vida es igual, hay días en que inicio un proyecto con todo el ánimo y vaya lento o vaya rápido, la inspiración continúa a mi lado hasta el último segundo.
Otras veces no es así. Comienzo algún proyecto con entusiasmo y a la mitad me siento morir de aburrimiento... batallo con mis ideas y mucho tiempo después, llego al final sin ninguna emoción. Me ha pasado en algunos capítulos también.
Hay capítulos que tengo que iniciar de nuevo porque lo escrito no me convence, y eso me pasa muchas veces en mis relaciones personales: tengo que enmendarme, pedir perdón y hacer lo necesario para renovar la relación.
En realidad, todos estamos escribiendo un libro. Todos somos los escritores de nuestra propia obra literaria llamada "Vida". Algunos hacen libros de arte, otros hacen libros de amor o de autoayuda... Algunos más convierten sus vidas en libros de terror y otros de suspenso. Quizá no te pongas a teclear frente a un monitor o a escribir con una pluma, pero cada decisión tomada es como el brillante comienzo de un capítulo nuevo.
Si la escritura me ha enseñado algo, ha sido la paciencia y la determinación. Y, estoy segura que estas mismas cualidades nos llevarán muy lejos en nuestras vidas si nos dejamos llevar por ellas. ––Rosalina G.
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