
¿Qué más puedo decir? el tiempo se agota y yo sigo aquí... esperando a que un milagro ocurra, a que las cosas pasen y que los días transcurran como agua en un río...
Necesito decir que entre esos días me ahogo, que mi rabia se ha vuelto mancedumbre, que mis ojos se han tornado ciegos y que la esperanza de cada día se ha convertido en desilusión... Sí, de esa desilusión de la que nunca se habla y se oye a diario, de la que da miedo y aterroriza a ciudades enteras, de la que se arrincona en el fondo del corazón y desgraciadamente sólo sale cuando es enfrentada por algo diferente, algo con vida y entusiasmo.
Procuro tener mucho amor; amor que sale desde los poros y se puede respirar a distancia como un perfume grato a los sentidos... un aroma que no sólo tiene olor, sino que tiene textura, color y sabor a belleza por igual. Mas aveces pienso que las rutinas me tornan frenética, me asfixian sin que yo me dé cuenta, me espantan el sueño y me alimentan la razón analítica, en lugar de despertarme la inocencia del niño que se asombra con todo lo que toca, ve, oye y prueba.
¿Por qué los humanos que nos convertimos en adultos nos transformamos en todo, menos en interesantes? ¿Por qué siento que mi vida se vuelve gris con todo ese smog y contaminación, en lugar de apreciar dichosamente los cambios de la naturaleza, como un atardecer, un amanecer o el sonido de un pestañeo?
Ayúdame, Dios, si es necesario a ver las cosas desde otro cristal... no quiero estar condenada a la muerte para apreciar cada momento de mi vida. Pues mucha gente, al estar al borde de ella, es cuando se da cuenta de todo lo que tenía en sus manos y jamás vio; cuando comienza a visualizar los días más hermosos y, casualmente sienten que esos días son los mejores de su vida.
Si no lo hago, temo que podría convertirme en una de esas ancianas que dejan de asombrarse del mundo que le rodea, que sabe a qué hora comerá y a qué hora vendrá alguien a visitarle...
Ayúdame, Dios, a no saber qué es el aburrimiento y a saborear cada segundo de mi vida, no como si fuese el último, sino como si fuera el primero...
...porque tú me creaste e hiciste este planeta repleto de cosas impresionantes para que no conociéramos el ocio... pero desgraciadamente, yo ya lo conocí.
Firma: Rosalinnita, la más insignificante de todas...
Comentarios