Comprendo que tengo que crecer, alimentarme, conseguir fortaleza y tropezar muchas veces antes de sentirme autosuficiente y libre, pero creo que no estaría de más recordarte que ya no soy una niña. En las fotografías, he notado que no soy la misma y que en mis recuerdos se encuentran las ocasiones en las que me curabas mientras estaba en cama enferma, las veces en las que jugábamos y otras tantas en las que me ayudaste a hacer tarea.
Te amo... lo sé y sé que lo sabes... pero piensas que mi amor un día puede convertirse en frialdad si sigo de esta manera. No temas, estaré para ti siempre y te acariciaré de la misma forma en la que lo hacía cuando tenía 4 años, sólo que al hacerlo, no pienso lo mismo... Ahora, al acariciarte, reflexiono profundamente en lo que me has dado, enseñado, en lo mucho que tengo que recorrer, en lo mucho que te quiero, madre. Nunca, jamás imagines que al alejarme seré diferente, pues, aunque yo no esté cerca tuyo, estaré siempre en tus recuerdos, en tu memoria, como la primera vez que me tuviste en tus brazos... con mis futuros hijos, haré vibrar tus fibras más sensibles y tal vez llores de felicidad cuando escuches que te digan:"Abuelita"... hay muchas cosas que aún debemos vivir y que ambas tenemos que experimentar. No perdonaría un sólo día sin uno de tus consejos, o sin alguno de tus reproches, que mucha falta me hacen... que me han forjado el mucho o poco carácter que poseo, que me han entregado valentía para enfrentarme a inimaginables cosas... por eso te amo... por eso sé que me has dado la vida entera... por eso, aunque me enoje contigo, sé que me amas también.
Gracias por darme las hagallas para ser lo que soy, porque siento satisfacción al decir que eres hermosa y por tantas y tantas veces que has perdonado mis tonterías de niña inmadura...
...por eso ocupa esta entrada la mayor parte de mis etiquetas... porque eres y formas parte de mí.
Te amo, Mami...
Me voy, lectores.
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