
¡Oye, sonido deambulante de mi cabeza!
Estoy aquí clamando por el silencio que nunca ha estado, pero estará para siempre a la vez... escuchando las palabras que me dijiste hace días y archivé en mi memoria; muriendo lento cada ocasión que recuerdo lo muerta que estaba antes y resucitando cada que me siento a tu lado...
No correré el riesgo nuevamente de borrar lo que tanto trabajo me dio escribir... ahora no escribo para mí, ahora, escribo para tu andar, para tu despertar y para tu mirar... Nada me haría más feliz que caminar en tu vereda, navegar para tu océano y dibujar para tu vida un par de alas que sean capaces de transportarte a mi mundo, lleno de luz y oscuridad, bondad y de maldad, pues tú serías el único que podría posarse en el alambre de mi morada...
Si logras llegar con esas alas que te dibujaré, te obsequiaré lo que más pidas... sólo tienes que confiar y expresar lo que sientes... Después de haber llegado, no habrá cosa que evite que te ame y no habrá más habitante ahí que tú...
Comentarios