
...El segundo caso es aun más breve. También fue mi mejor amigo. En un inicio, mi incapacidad para distinguir los sentimientos, me hizo iniciar una relación con un chavo al que venía conociendo desde hacía ya algún tiempo. Mientras reconocía en Francisco, a mi mejor amigo. Cuando mi novio y yo terminamos luego de un año, Francisco y yo, ya éramos necesarios uno para el otro, aunque aun no era enamoramiento. Yo comencé a sentir atracción hacia él y él hacia mí, pero lo mío fue convirtiéndose en una especie de amor visual (si el término no existe, lo acabo de inventar) y lo de él, simplemente atracción. Con el paso de los días, fui sintiendo algo parecido a lo que ya había experimentado anteriormente, así que terminé diciéndole de frente lo que me estaba haciendo experimentar. Él, me dijo que no veía en mí a una novia, sino a la amiga fiel que siempre había tenido. Lo comprendí. Fue extraño, pues si mi primer amor me hubiera dicho que no accedía, seguramente habría roto en llanto aun estando delante de él; pero con Francisco, fue distinto. Quizá en medio de todas mis experiencias, ya tenía en el corazón una coraza que mantenía entreabierta la puerta al amor. No tuve problemas en aceptarlo, pero él me seguía llamando la atención. Cuando vio que yo no estaba triste por su partida, el poco o mucho ego que tenía como seductor, le hizo sentirse herido al no ser indispensable para mí; así que me pidió que fuera su novia. Yo estaba contenta, él... también. Cumplimos un mes en el que nos veíamos poco y, de buenas a primeras, me dijo que ya no podía seguir con esa relación. Eso me hizo sentir triste, pues había encontrado en él la esperanza de darle otra oportunidad al amor, mas al irse, rompió los planes y las promesas y me dejó más cerrada emocionalmente que nunca. Lloré noches enteras, dormía poco y, como la primera vez, me enfermé de dolor... pero una cosa por otra. Cuando atravesé mi enfermedad, me di cuenta de que, físicamente, estaba mejor... y emocionalmente... ya no sentía amor por nada, ni nadie. Me volví fría, húmeda en la oscuridad. Me convertí en lo que ahora soy y no quiero ser; temo mucho a una recaída aunque sé que no la tendré. Y tengo aún más pavor de dejar ir a la persona de mi vida, aunque no logre amarla por mis malditos y absurdos miedos.
Y ahora, estoy aquí. Escribiendo esta especie de historia que reseña un poco la cantidad de factores que hacen de mi vida un caos vial de emociones. Una princesa sin final feliz, una niña sin ilusiones ni esperanza o, un hada sin poderes. ¿Eso seré para siempre? ¿...O aun tengo oportunidad de ser lo que he soñado siempre? ¿Podré eliminar el pavor involuntario que le tengo al amor?
Comentarios