
Hace mucho tiempo, rogaba a Dios para que escuchara tus plegarias. Pedía que Él no quitara sus Santos ojos de ti, porque me importabas demasiado como para permitir que desviaras tu camino del mío.
Desgraciada o afortunadamente, las cosas se han dado así. Quizá lo que tú le pedías a Él, no era lo suficientemente necesario para que tú vivieras en el camino más recto posible. Tal vez, en una de tus desesperaciones por tener amigos, rogabas que Él se te apareciera, que te tuviera aunque fuera un poco alejado de las ambiciones del mundo, estando en ellas. Pero nunca comprendiste quizá, que lo mejor para tu crecimiento como persona estaba en que tenías que tropezarte, caerte e incluso, perder gente y amigos... entre esas personas, yo.
Lamento haberme alejado, pero no podía seguir bajo tu yugo. Me lastimaba demasiado tu manera de hacer las cosas, me presionabas la garganta, hasta sentir que me asfixiabas. Yo, aun era joven y deseaba continuar con mis esperanzas y mis sueños... Si continuaba a tu lado, me sumiría en más depresión de la que ya estaba en ese momento...
...Sí, amigo. En estos momentos en realidad lo único que he deseado, es que estuvieras aquí, para que me tendieras la mano como antes, para que me hicieras reír a carcajadas como en aquel tiempo y, sobre todo, para que me comprendieras y me prestaras tu hombro cuando yo necesitaba llorar; aunque, por obvias razones, no iba a permitir que me cortaras las alas y me asfixiaras como lo estabas haciendo.
Lo siento, amigo, pero las cosas aquí están mejor; aunque tú te lastimes pensando en qué cosas podríamos haber hecho si te hubieras quedado a mi lado.
Comentarios
Respecto al tuyo, la verdad es que es difícil alejarse de alguien que uno quiere, pero es importante ponernos en primer lugar y tener el coraje de hacerlo, si esa compañía nos hace daño.
Te dejo un abrazo y la dirección de mi blog actual, porque en el que visitaste ya no publico.
Claudia
http://caramelodcianuro.blogspot.com