En ocasiones nos encontramos con personas que suelen camuflarse con la vida misma. Se funden con el paisaje o el panorama y simplemente no adviertes su presencia. Cuán extraño es mirar en retrospectiva y darse cuenta de que la persona que ahora es el cómplice de todas tus locuras, en realidad siempre estuvo ahí, sin tampoco advertir del todo tu presencia.
Bien dice el dicho que para un roto siempre hay un descosido.
Dos personas que se mimetizan entre las demás y que ni uno ni otro se han mirado con interés especial... Un renacimiento que surge cuando se detona un acontecimento simple pero histórico. Un hecho que desencadena una serie de elementos que antes no existían y que ahora son parte fundamental del universo propio. O que se despiertan las piezas del rompecabezas que permanecieron dormidas tanto tiempo.
Ese es el sentir de una extraña conocida. Quizá también de un extraño conocido. Dos personas que se fundían con el panorama hasta un pequeño instante en que se observaron detenidamente y se hicieron la pregunta: "¿Por qué no?"
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