Quiero despedirme de alguien, de una persona que fue muy importante para mí.
Alguien que me había enseñado a abrir las alas y volar, pero llevándome el suelo bajo mis pies.
Un hombre que me había hecho sentir grande, hermosa y feliz.
Lamento mucho lo ocurrido. Lamento no haber sido lo que él había esperado. Lamento no haber llenado sus espectativas, pero sobre todo, lamento haber perdido a un amigo.
Sin embargo, aun a pesar de mis lamentaciones, estoy contenta, pues gracias a él aprendí muchas cosas:
Aprendí a no tomarme las cosas tan a pecho, a gozar del presente y no pensar tanto en el futuro que no existe; a reírme de mí misma...
También aprendí a cuidarme. Gracia a él, desde ahora no volveré a confiar en un hombre del todo; no creeré que sus intenciones sólo son amarme y respetarme. Aprendí que entre más das, más quieren y que nunca se quedan satisfechos.
Y dentro de las cosas buenas, aprendí a no ser ciega ante la evidente realidad y aprendí que amar no siempre te tiene que doler.
Como he dicho ya, esto es una despedida. Y lo es, con todo lo que eso implica. Hay pérdida, hay agradecimientos, aprendizaje y hay mucha resignación y madurez en mí ahora.
Sin remordimientos:
Adiós, al dulce amor, adiós al gran hombre, adiós al gran amigo.
Alguien que me había enseñado a abrir las alas y volar, pero llevándome el suelo bajo mis pies.
Un hombre que me había hecho sentir grande, hermosa y feliz.
Lamento mucho lo ocurrido. Lamento no haber sido lo que él había esperado. Lamento no haber llenado sus espectativas, pero sobre todo, lamento haber perdido a un amigo.
Sin embargo, aun a pesar de mis lamentaciones, estoy contenta, pues gracias a él aprendí muchas cosas:
Aprendí a no tomarme las cosas tan a pecho, a gozar del presente y no pensar tanto en el futuro que no existe; a reírme de mí misma...
También aprendí a cuidarme. Gracia a él, desde ahora no volveré a confiar en un hombre del todo; no creeré que sus intenciones sólo son amarme y respetarme. Aprendí que entre más das, más quieren y que nunca se quedan satisfechos.
Y dentro de las cosas buenas, aprendí a no ser ciega ante la evidente realidad y aprendí que amar no siempre te tiene que doler.
Como he dicho ya, esto es una despedida. Y lo es, con todo lo que eso implica. Hay pérdida, hay agradecimientos, aprendizaje y hay mucha resignación y madurez en mí ahora.
Sin remordimientos:
Adiós, al dulce amor, adiós al gran hombre, adiós al gran amigo.
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