Ir al contenido principal

Adiós

Quiero despedirme de alguien, de una persona que fue muy importante para mí.
Alguien que me había enseñado a abrir las alas y volar, pero llevándome el suelo bajo mis pies.
Un hombre que me había hecho sentir grande, hermosa y feliz.

Lamento mucho lo ocurrido. Lamento no haber sido lo que él había esperado. Lamento no haber llenado sus espectativas, pero sobre todo, lamento haber perdido a un amigo.
Sin embargo, aun a pesar de mis lamentaciones, estoy contenta, pues gracias a él aprendí muchas cosas:
Aprendí a no tomarme las cosas tan a pecho, a gozar del presente y no pensar tanto en el futuro que no existe; a reírme de mí misma...
También aprendí a cuidarme. Gracia a él, desde ahora no volveré a confiar en un hombre del todo; no creeré que sus intenciones sólo son amarme y respetarme. Aprendí que entre más das, más quieren y que nunca se quedan satisfechos.
Y dentro de las cosas buenas, aprendí a no ser ciega ante la evidente realidad y aprendí que amar no siempre te tiene que doler.

Como he dicho ya, esto es una despedida. Y lo es, con todo lo que eso implica. Hay pérdida, hay agradecimientos, aprendizaje y hay mucha resignación y madurez en mí ahora.

Sin remordimientos:

Adiós, al dulce amor, adiós al gran hombre, adiós al gran amigo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El regalo que me hizo realmente feliz en Navidad

Habíamos conversado en línea sobre las cosas que nos gustan y, por supuesto, yo le mencioné que soy amante del té. Cualquier tipo: menta, yerbabuena, té blanco, yerba mate, limón, manzanilla, etc. Pasaron varios días y llegó el día de vernos. Lo primero que hizo cuando tuvo oportunidad, fue entregarme un pequeño paquete, envuelto con un papel azul marino que tenía un diseño de "Merry Christmas" con letras cursivas blancas. Yo le agradecí mucho el detalle, pero no lo abrí. "¿Te imaginas lo que hay ahí dentro?", me preguntó. Le dije que no tenía idea y agité el regalo. Dentro de la caja se escuchaban como diminutos granos de arena. "¡¿Qué es?!", pensé al no imaginarme nada en particular. "¿Puedo abrirlo?", le pregunté. "Adelante", me animó. Cuando estaba a punto de rasgar la envoltura, me di cuenta que estaba envuelto por sus propias manos y automáticamente, el regalo adquirió aún mayor valor. Lo abrí y tardé varios segundos en darme ...

Aún no es demasiado tarde

En ocasiones me enfrento a situaciones que me gustaría evitar. Me molesta tener que decidir y quiero esconderme debajo de la mesa esperando que todo acabe rápido para mí. Pero es obvio que estoy viva, y mientras viva debo tomar decisiones cruciales, decisiones que van a llevarme a algún lugar. Bueno o malo, pero me llevan, no importa cuánto tiempo lo posponga o cuanto intente ecitarlo, el momento crucial llega y devo actuar. A veces me gustaría ser una niña de muevo. Regresar a esa edad en la que permitía que mis papás hicieran las cosas difíciles por mí, cuando no tenía que fijarme en el camino porque confiaba en que llegaríamos, mis papás lo sabían todo. Pero ahora que he crecido sé que no lo sabían todo. Ahora entiendo que ellos también se equivocaban y también perdían el rumbo, pero si algo admiro de ellos, es que siempre se levantaron. Siempre se enmendaron y siempre continuaron intentando hacer las cosas bien. No importa cuán difícil haya sido la decisión, se vieron obligados a...

☆siи-тiтuLαDoO ((pαRTe 1))☆

Comienzo a escribir esto, sin la oportunidad de pensar qué es lo que estoy haciendo y sin tener ni la más remota idea si quiero que esto sea una novela, un cuento, ensayo o una simple página. Mi nombre es Ángel. No, no soy hombre, soy una chica con nombre que regularmente se usa en varones y a mis dieciocho años de edad, tengo muchas preguntas cruciales sobre la vida. ¿Qué es lo que debe ser? ¿Qué debe NO ser? ¿Amor… enamoramiento? Sociedad, satisfacción personal… ¿Cómo puedo aplicar mis valores cuando la sociedad está manejando otro tipo de realidades, o cuando necesito aclarar mis pensamientos aunque sea por medio de una hoja de papel? Hay un chico: Víctor. Él, a sus dieciocho años, es un ejemplo de hombre ideal: paciente, respetuoso, amable, sincero, comprensivo, leal y fiel, responsable, protector, gracioso y miles de cualidades más… la cuestión es, que desde niña he soñado con él. Cuando yo tenía apenas la hermosa edad infantil de cinco años, veía mucho las caricaturas en la telev...