
Hoy no soy yo quien está de viaje, sino una amiga a la que admiro mucho y a quien veía como alguien triunfadora en todos los aspectos. Alguien que podía decir tonterías con los amigos, pero que en el trabajo mostraba una seriedad y un profesionalismo impresionante para su edad.
Su nombre era Juliana. Una gran persona, fuerte de carácter, pero también de voluntad, con un gran corazón y una hermosa sonrisa que se contagiaba al verla.
Juliana, muchos sufrimos contigo, cuando tu novio murió. Te aconsejamos, te abrazamos y luego de unos días de luto, tu vida tomó ímpetu e ibas pisando fuerte en cada paso que dabas. Aunque tú misma nos confesaste que llorabas por las noches, que no soportabas la idea de que él se hubiera ido. Era doloroso al menos para mí, verte sufrir... Porque aunque nunca te lo dije, tú eras mi inspiración (y creo que para muchos), para no darme por vencida.
Una vez me dijiste que las personas que se iban, nos dejaban algo siempre... Y estoy segura de que lo que tú me dejaste fue un hermoso recuerdo en mi memoria, uno que me hace mirar siempre hacia el frente y seguir creciendo como persona, a pesar de los atazcos.
Tú sabes ahora lo mucho que yo te quiero... Y lo digo en presente, porque es así... Es complicado creerlo, difícil darse cuenta de que no estás entre nosotros y es doloroso asimilarlo. Alguien tan llena de vida, tan excéntrica y tan grande, es difícil borrarse de una memoria... Y no sólo por tu físico, sino por tu alma, que nos diste a conocer.
Amigos como los que dejaste aquí, te vamos a extrañar toda la vida, nuestro salón, va a estar muy solo sin ti y aunque es grandísimo el vacío que nos dejas, esperamos encontrarte algún día en el paraíso, ahí es donde debes pertenecer.
¡Hasta luego, Juliana!
Comentarios