
A estas alturas tu debes estar escuchándome o viéndome escribir esta carta. No sabes cómo te admiré y te sigo admirando... Fuiste un gran hombre, valiente, inteligente y muy, pero muy bueno.
Admiro tu fortaleza, tu entereza, tu prudencia y tu cordura... Fuiste, eres y serás la persona que más ha inspirado mi vida... Gracias por contarme tus historias... Gracias por ser parte de mí, de mis cuentos y de mis creaciones, tal vez no creé la historia que tú merecías, pero lo que hice, lo hice de corazón...
Adiós de esta tierra, tío Alberto... Adiós para siempre, pero espérame... Ojalá que Dios me dé la oportunidad de estar contigo algún día, para que puedas contarme de nuevo los episodios de tu vida, justo como solías relatarlos...
Te quiero, tío...
Hasta luego...
Comentarios